Parece mentira, pero han pasado 20
largos años de aquel 03 de mayo del 1996, cuando dos jóvenes cegaron la vida
del niño Llenas Aybar, un hecho que
consternó todo el país. Lo que hacía aún más cruel aquel evento fue, que uno de
los homicidas era el primo hermano del niño asesinado.
En 20 años, ha habido lágrimas, tristeza,
dolor, enemistad, relaciones rotas para siempre, heridas que solo con Dios se
cerrarán, sentimientos encontrados de todos los lados, impotencia, amargura y
hasta la confesión de un arrepentimiento que está por confirmarse.
Un dolor y una pérdida irreparable en
la familia Llenas Aybar; y por otro lado, en una de las familias de los
matadores, la espera por segundos de que se cumpliese la fecha calendario del
05 de mayo del 2016, fecha recién cumplida, y que le dió la oportunidad de
salir en libertad; del otro lado de la moneda, queda la familia Redondo Llenas, a la espera del
cumplimiento de una pena de 30 años de prisión, lapso que se cumplirá el 05 de
mayo del 2026.
Pero hoy quiero referirme a Moliné Rodríguez, ya hoy un hombre de
38 años, que le toca el reto de insertarse nuevamente en la sociedad, con todo
lo que esto significa: mercado laboral, relación con sus iguales, relación de
pareja, en fin, rehacer una vida que hasta el momento está destruida.
Me gustaría que los avances científicos, la era de la tecnología, la
modernidad del siglo 21, permita devolver a la familia Llenas Aybar su niño
amado, que hoy fuera un hombre de 32 años. Pero, la realidad es que no es posible. Lo que sí es posible es, que se
pueda reencauzar la vida de un hombre muy joven todavía. Quien hasta el momento
a verbalizado un arrepentimiento frente a la familia Llenas Aybar y frente a la
sociedad.
Obviamente, la sociedad estará al pendiente de su real arrepentimiento,
y que muestre una conducta regenerada a favor de la misma. Creo que todos
merecemos reivindicarnos, es cierto que lo que hizo fue horrendo; pero 20 años
después y tras haber pagado su pena, debemos darle la segunda oportunidad que él hoy tanto necesita.
Que sea Dios quien juzgue, mientras tanto, que logre sacar su vida a
flote, que estoy segura le tomará tiempo hacerlo, y a pesar de haber salido de
prisión, para siempre estará preso de sus recuerdos.
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