Frente al altar - Pastor Daniel Cordero

Se conocieron en un campamento, dos palabras simples: perdón, disculpe. Solo eso fue suficiente para que ella descubra que ese joven tenía algo especial, el en cambio lo notó antes de chocarse a la hora del almuerzo.

Una lagrima hacía un camino rustico en su rostro pero el velo cubría lo que ella temía, y el ministro sonreía achacÔndole a la emoción sus ojos llorosos.

Volvió al pasado. No podía explicarse tanta ternura en un solo ser, él amaba caminar por la playa agarrado de mano y contemplar la naturaleza, pero no solo eso, muy atento, muy entregado, parecía plutoniano porque en la tierra ella nunca había conocido un ser tan especial.

Pero las rosas tienen espinas, que lastiman y hacen sangrar, ambos llegaron a la iglesia, y pusieron en oración eso que los atraía, y no duro mucho para que la madre de ella rechazara la relación que aún no iniciaba, que lo tildara de mal cristiano, de vago, de poco espiritual, de enano y de poco confiable.

Años de luchas, de oraciones, de molestias, pero el amor no se pudo vencer, Dios desde el cielo al parecer había aprobado esta unión, una unión que resistió todo, hasta tiempos huracanados, pero las aguas estÔn por debajo del nivel, ella esta vestida de blanco, agradecida del señor por tan hermoso regalo y El feliz no puede creer que tan grande bendición es suya.

SeƱorita, seƱorita que si acepta, replico el ministro sacƔndola de su recuerdo.

SĆ­, sĆ­. Dijo ella mientras sonreĆ­a


Su madre se puso de pie y dijo a voz en cuello; que vivan los esposos. Y todos de pie mientras aplaudĆ­an solo decĆ­an, Dios es bueno.

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