Escondido detrás de una sonrisa, vestido de impotencia y de amargura. Era así como estaba justo aquel día cuando la maravillosa gracia divina iluminó su intelecto, le hizo vibrar las emociones y luego lo que en el exterior acontecía, con una lágrima negra tomó la decisión.
Fue evidente que aquel poder que operó para crear todas las cosa es el mismo que ahora posa sobre el y le transforma.
Está Don Pedro junto a la silla acostumbrada en la Iglesia tratando de tener comunión, recordando como fue seducido por la gracia divina, pero algo no andaba bien.
Niños gritaban frenéticamente, los tacones de las hermanas resonaban como si ellas anunciaban su llegada, sentados uno al frente del Otro contando las cosas cotidianas que les habían acontecido, aquellas cosas que no edifican ni al que las cuenta.
Don Pedro paso sus gruesas manos por su rostro como si estuviera con eso implorando una intervención divina y luego comentó : al parecer me confundí de lugar, no estoy en la iglesia , esta es la gallera del pueblo, no hay reverencia aquí.
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