Tanto la iglesia como la sociedad de hoy han perdido el enfoque, y lo malo de esto, es que la iglesia está empeñada en querer agradar al mundo y no a su señor.
Nos creemos modelos terminado, nos exhibimos como tales, buscamos ser reconocidos y a su vez querer agradar a cristo cosa que no es compatible, el evangelio implica sufrimiento, cruz, y hoy queremos las añadiduras del reino pero nos olvidamos de la esencia, de los valores cristianos, de nuestra dependencia y entrega total.
La primera bienaventuranza dice: bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos.
El diccionario define al bienaventurado como alguien afortunado y feliz.
La palabra griega que se usa es makarios y significa "feliz". Por eso se traduce las palabras iniciales de cada bienaventuranza, "¡Felices los!"
¿Qué es un pobre en espíritu?
Mira como lo dice MacArthur: Ser pobre de espíritu significa estar sin recursos, sin orgullo, sin seguridad en nosotros mismos, sin dependencia de lo que podemos hacer nosotros.
"Pobre en espíritu" es reconocer nuestra pobreza espiritual, nuestra bancarrota, delante de Dios. Porque somos pecadores que estamos bajo la ira de Dios, y no merecemos nada más que el juicio de Dios. No tenemos nada que ofrecer, nada que abogar, nada con lo cual comprar el favor celestial.
Si entendemos que estamos en banca rota, que no tenemos nada bueno que exhibir, eso destroza nuestro orgullo y nos hace mirar hacia arriba. Somos pobres de espíritu y vivir a la luz de esto es lo mejor que nos puede pasar, porque somos tan pobres pero tan pobres que tenemos que acudir a nuestro señor y rendirnos a él, porque al reconocer nuestra condición espiritual automáticamente reconocemos lo gloriosos que es nuestro señor.
Somos tan pobres que lo único que tenemos es orgullo y este es el terreno donde se siembran todos los pecados, no tenemos nada con lo que podamos jactarnos, pero tenemos a un cristo poderoso y santo, que al nosotros reconocer nuestra condición estamos invitándolo a que él sea el centro y único dueño de todo nuestro ser.
Si entendemos que estamos en banca rota, que no tenemos nada bueno que exhibir, eso destroza nuestro orgullo y nos hace mirar hacia arriba. Somos pobres de espíritu y vivir a la luz de esto es lo mejor que nos puede pasar, porque somos tan pobres pero tan pobres que tenemos que acudir a nuestro señor y rendirnos a él, porque al reconocer nuestra condición espiritual automáticamente reconocemos lo gloriosos que es nuestro señor.
Somos tan pobres que lo único que tenemos es orgullo y este es el terreno donde se siembran todos los pecados, no tenemos nada con lo que podamos jactarnos, pero tenemos a un cristo poderoso y santo, que al nosotros reconocer nuestra condición estamos invitándolo a que él sea el centro y único dueño de todo nuestro ser.
0 Comments
Gracias por tu comentario.